¡Ellos están invitados!

El principito (primera parte).

Hay tantas estrellas en el cielo.

Tantas, que por hoy he apagado mi cigarrillo.

El humo me impedía verlas.

Salid al balcón de vuestra habitación. O asomad la cabeza por la ventana, apoyando los codos en el alféizar. Oled la noche, con su aroma a ciudad, a polución, a una tranquilidad extraña y mecanizada. Pero, esta vez, no miréis al bloque de pisos de enfrente; no miréis tampoco a la calle, esperando a que pase algún sujeto estrafalario del que reírse o con el que maravillarse.

No, no hagáis eso que siempre hacéis. Innovad, bloggers, lectores, innovad. Mirad al cielo. Al principio, si vivís, como yo, en una ciudad, el cielo se os antojará un manto uniforme de tonos anaranjados y grisáceos, un abrigo artificial, desnaturalizado, mediocre. Si dejáis pasar unos segundos, no obstante, quizá tengáis la suerte de poder admirar cómo unas luces diminutas traspasan ese velo urbanizado y os besan los ojos, como una novia fiel y paciente en el altar.

Ah, si eso os ocurre...

Tres días en Andorra (I'm looking for paradise)

Pronto encontrarás a un chico que te hará sentir que vuelas sin alas, ni aire, ni suelo. Tú serás todo eso; serás el firmamento. Y él será cada una de tus estrellas, y sentirás todo lo que siento cuando te miro, te toco o te huelo.

Su perfume será tu locura; sus besos, tu sueño y tu día a día; su alegría será tu alegría. Pronto, muy pronto,

te enamorarás.

Estoy sonriendo ahora. Sonrío al pensar en ese instante, en el momento en que mis esperanzas se disolverán en tu explicación, en ese café cargadito de realidad. Me sentiré aliviado y notaré como un "yo" morirá de golpe, y otro "yo" nacerá.

Te desearé suerte, recogeré los restos del Víctor viejo y lo enterraré junto a las cenizas de Marco, el pobre Marco.

Hasta entonces, seguiré aquí sonriendo, mientras te escribo y creo que estoy completo.

Sólo por el placer de verte enamorado.

Solo por eso.



posdata: el viaje a Andorra ha sido brutal. A la vuelta me he puesto un poco nostálgico, y éste ha sido uno de los resultados. Los demás no creo que los cuelgue en el blog. En resumen, los tres días han sido geniales, relajantes, tranquilos, llenos de complicidad. He conocido más a fondo a dos personas excepcionales, y con eso me basta.

posdata 2: es importante la diferencia entre "sólo" y "solo"; no es que me haya dejado el acento, ni nada por el estilo.

posdata 3: os he echado de menos, bloggers :)

Catalunya, mon amour

Mi amor,

He estado a punto de hablar de política en esta entrada. Qué horror, ¿no? Pero luego he pensado que tú lo leerías y dirías "ahí está Víctor con su lado malo", y negarías con la cabeza levemente, y quizá incluso torcerías el gesto y se te escaparía un suspiro.

Ya, si es que no es lo mío. Mira que lo intento, pero es un tema que no me inspira. ¿Qué voy a decir? ¿Que no tenemos derecho a quejarnos de algo que nosotros mismos hacemos continuamente? O que dos no se pelean si uno no quiere. Una gente que desprecia una novela por el simple hecho de que está en castellano no merece ser considerada como un grupo político de verdad.

La humanidad me cansa. Comete errores una y otra y otra vez, y no se da cuenta de ellos hasta que otra generación los estudia y analiza en una fría clase de historia, que no hará nada por aplicar esos conocimientos en el futuro.

Errare humanum est, y rectificar es de sabios.

¡Qué humanos somos todos!

¡Y qué pocos sabios!

Alegría.

¡Espera!

No digas nada, que podría olvidar lo que te quiero decir.

He encontrado la manera perfecta de declararme. En realidad, ya lo he hecho; tú eres el único testigo ocular de ello, y el más importante. Mi éxito no depende de lo que diga, ni siquiera de lo que pueda callar o hacerte. Mi éxito no es posible, y por eso no me preocupa.

Vencer es una palabra tan vacía... ¡Y tan satisfactoria!

Pero, esta noche, lo que tengo que escribirte es mayor que todo lo que te haya dicho.

¿Sabes? No te quiero por lo que me das, ni por lo que me haces sentir cuando te tengo cerca. No son tus ojos, ni tu boca, ni tu piel. No son tus manos, no. Ni siquiera es tu olor.

No te quiero, tampoco, por lo que hayas podido decirme o hacerme. Ni por los meses que dejo atrás, que ya he dejado atrás. No son las discusiones, las reconciliaciones, los buenos momentos y los días inolvidables.

Te quiero porque eres la lámpara que se ilumina en mi escritorio, cuando oscurece. Porque lo que yo siento aquí dentro, ¡aquí!, justo en el centro de mi pecho, se multiplica por mil cuando hace días que no te veo. Te quiero como se quiere a la droga más sana y cruel, esa droga que jamás me mataría y, por eso mismo, puede alargar mi agonía todo lo que le plazca.

Soy adicto a ti. Tú lo sabes.

Me encanta.

Lean on me

No, you're not leanin' on me anymore...

Qué. No pensar, no decir, no hacer.

No. Qué callar, qué mentir, qué ver.

Qué pasa. No entiendo nada. Soy incapaz, lo confieso, de volverme no-yo. Antes había voces. Dos. Las voces hablaban. Se contaban todo, incluso lo que no debían. Y el aire callaba. Nadie, fuera de las voces, decía nada. O no importaba.

Ahora las voces ya no se encuentran. Una de las dos no busca; la otra no acaba de asimilar que está sola.

Es triste, muy triste, saberse solo. Miras alrededor y otras voces ríen, cantan, se aman. La voz solitaria sólo sabe escribir sus penas en un blog, y que los demás no comprendan qué pasa. Así es mejor, mejor para todos. O mejor sólo para la voz solitaria.

Sea como sea, las dos voces no hablan. Y la voz solitaria no se permite querer, porque le sale muy caro; huye del pasado, porque la persigue allá donde va; se enfada porque a nadie le importa que...

- Joder, joder, joder.

-¿Qué? ¿Qué pasa?

-¿Qué...? No. Nada.

El mar, el inmenso mar.


Shhht..

(sonrisa. Silencio.)

Hoy sobran las palabras: las hemos gastado todas.

Shhht..

(silencio. Sonrisa.)

Recuerda cuando cada ola nos hacía temblar, una noche en que se nos escaparon 365 días y uno solo se nos hizo corto.

21 de diciembre.

Me encuentro en los inicios de entrada. Vuelvo a encontrarme en los finales.

Cuando empiezo a teclear, el blog es mío, de nadie más. Sin embargo, al cabo de un par de líneas todo se me acaba yendo de las manos, y una sombra -la misma sombra cada noche- nos coge a mi silla y a mí, nos saca al balcón y nos enciende un cigarro. Y nos deja allí, fumando, pensando de qué diantres iba a hablar esa entrada que estábamos a punto de escribir.

Esa sombra es la culpable de cada una de las declaraciones de amor en miniatura que todos vosotros leéis a menudo. Es mi otro yo, el yo más fuerte. Casi divino, ¿no? Bueno, no sabría deciros tanto sobre él. Sé que no me pertenece, eso está claro.

Sé que no es tan feo como yo, ni se expresa tan mal, ni es tan tímido, estúpido y cerrado de mente como yo. Sé que es mejor en todo lo que yo intento o podría intentar hacer. Lo es porque ha nacido en un momento mejor que el que yo elegí para nacer, y con eso le basta para arrasarme.

¿Qué mejor momento para nacer que el día del fin del mundo?
 
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