¡Ellos están invitados!

Deseo de madurez.



Los hay que, cuando hablamos, necesitamos saber (la mayor parte de las veces) que lo que decimos no sólo tiene sentido, sino que es compartido por el que nos escucha. Si ese intercambio positivo no se realiza, nos sentimos frustrados, y podemos llegar a dos conclusiones:

a) que el que nos escucha no ha reflexionado suficientemente sobre el tema, y que cuando lo haga llegará a nuestro punto de vista con seguridad.

b) que no nos hemos explicado bien, y que lo mejor será repetir nuestro punto de vista para que quede claro.

Pues bien, esto está feo. Me lo digo a mí mismo, porque tengo el vicio de pensar así cuando hablo con alguien. La verdad es que hago todo lo posible, y más en los últimos meses, por ponerme en todo momento en el lugar del otro, y ver por qué reacciona como reacciona, y en qué me estoy equivocando.

Desgraciadamente, en mi proceso de normalización mental, hay algo que me preocupa. Es una idea que viene y va, pero cuyo rastro está siempre ahí, haciéndose notar y reclamando su protagonismo. Esta idea es, en el fondo, una de mis dudas existenciales:

¿El ser humano es capaz de analizar un problema de forma objetiva?

Desde mi optimismo habitual, al que os tengo más o menos acostumbrados, yo me respondo que sí. Pero, ¿es capaz el ser humano de hacerlo siempre? Ahí es donde mi optimismo pincha y me deja en la cuneta.

El hecho de aceptar que todo es relativo dificulta muchísimo el debate interno de un asunto, porque sólo cuentas contigo mismo para llegar a alguna conclusión. ¿Cómo estar seguro de que lo que uno concluye es universalmente aceptable? ¿De qué manera podemos afirmar que nuestro razonamiento es completamente válido, de tal modo que nadie va a venir a tocarnos la moral con el típico "la has cagado", o "¿cómo puedes defender esa chorrada?"

Lo confieso, no hay cosa que más me reviente que eso de que me hundan una opinión formada tras horas y horas de discusiones conmigo mismo al respecto.

Está bien, sí que hay algo que me revienta más: saber que, lo quiera o no, aún me queda mucho camino por delante.

Porque, lo quiera o no, el diablo sabe más por viejo que por diablo.

4 reacciones:

Alexander dijo...

y sabe mas por cabron que por diablo porque, valgan verdades, no veo a la vieja cucufata de noventa años, q vive frente a mi casa, escuchando mi perorata sobre lo mejor que hubiera sido la vida si no se creaba la iglesia y a su dios reconcoroso y castigador. Oye, no hagas eso que dios te va a castigar, me dice la vieja cuando beso a mi novia frente a mi puerta. Por dios -mira mi grado de ironia-, acaso papa lindo prohibe el libre amor habiendonos dado la opcion de elegir.
Creo que tienes razon, pero, si me permites, le puedo agregar: la objetividad existe solo como una meta a llegar.
Un abrazo


Marco dijo...

Cuidado, creo que es un error mezclar la vejez y la experiencia. Una cosa es el proverbio, y otra la realidad: muchas veces, si no se tiene la cabeza en su sitio, uno llega a la tercera edad pensando que lo que él ha vivido tiene que ser la Ley para las nuevas generaciones. Y eso es un fallo enorme. Cada uno tiene sus normas, y ninguna cultura es mejor que otra; es diferente. De ahí viene mi conflicto con la objetividad, la maldita objetividad.


Lidia dijo...

El ser humano es imposible que sea totalmente objetivo. Por eso nos denominamos seres "humanos", aunque eso a veces se demuestra de las formas mas crueles que existen.


Sí, un "lo siento" es de las armas mas sangrientas que sea ha creado.
Pero mas sangriento es todavía que salga de tu propia boca.

un beso!:):)


El hombre del Faro dijo...

<<¿Cómo estar seguro de que lo que uno concluye es universalmente aceptable?>>

Muy sencillo: lo estarás cuando sobre tu cabeza aparezca una aureola. Entonces, el mundo entero se postrará ante ti.


 
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